En el ejercicio diario de la profesión de seguridad, nos piden que los peligros los jerarquicemos y por lo tanto tendrán un grado de riesgo o riesgo, dicho coloquialmente. Se entiende grado de riesgo como el producto de probabilidad por severidad. °R = P × S
La confusión entre probabilidad y frecuencia en la práctica diaria
En la práctica diaria, cuando estamos asignando el valor de la probabilidad al peligro analizado, es común que la discusión se centre en que no ha sucedido ese peligro en los últimos 20 años en este lugar o sitios de trabajo; por lo que se le asigna una probabilidad baja. Por ejemplo, se dice: “En los últimos 20 años nadie ha caído de un trabajo en alturas”, por lo tanto, le vamos a asignar una probabilidad baja.
Lo anterior no es correcto, ya que estamos comparando una frecuencia con una probabilidad. Como recordamos, la probabilidad es el resultado de un procesamiento matemático y la frecuencia es el registro de las veces que ha sucedido un evento. En la práctica, la frecuencia alimenta a la probabilidad, pero no son lo mismo.
Ejemplo clave para entender la diferencia
“Hay un 20% de probabilidad de que nieve mañana.”
No importa cuántas veces haya nevado antes; es una estimación del riesgo futuro. La frecuencia registra normalmente los casos pasados. Esta malinterpretación de los datos nos lleva a tener eventos muy severos con baja probabilidad y por lo tanto no les asignamos los recursos necesarios. Estos eventos son knockout: el día que sucedan van a ser fatales, pero como les asignamos baja probabilidad, entonces los dejamos sin tomar acciones dentro de nuestra gestión de riesgos.
Consecuencias de confundir probabilidad y frecuencia: el caso de los trabajos en alturas
Continuando con el ejemplo de los trabajos en alturas, en ese mismo lugar se realizan y se firman procedimientos de trabajo en alturas diariamente. Vamos a suponer 5 permisos por día: serían 25 a la semana, 100 al mes y al año 1200 permisos. O visto de otra manera, 1200 trabajos que tuvieron una exposición de caída durante el año, lo que significa 1200 posibilidades de que alguien caiga por un trabajo en alturas durante el año, lo que significaría alta probabilidad.
En México, cerca de un 30% de las incapacidades es por trabajos en alturas, por lo que confirmamos que se tiene una alta frecuencia en el país. Por lo tanto, si le asignamos una probabilidad alta no estaría incorrecto.
La propuesta de la normatividad mexicana: severidad por exposición
Dentro de la normatividad mexicana, se ha adoptado también que grado de riesgo es igual a severidad o gravedad por exposición. Con ello podemos reducir la posibilidad de malinterpretación de los datos y saber cuántas veces se expone alguien a sufrir un accidente por trabajo en alturas, por ejemplo.
Priorización en la gestión de riesgos: ¿a qué darle prioridad?
Aquí vemos otro aspecto en la política de decisión para la gestión de riesgos: ¿a qué se le da prioridad? Una de las mejores prácticas es asignar recursos cuando el grado de riesgo sea alto y/o la severidad sea alta. En este último caso, independientemente de su probabilidad, ya que es un evento que por sí solo amerita tomar acciones por la severidad de las consecuencias.
Esto implica que no debemos esperar a que la frecuencia de accidentes pasados nos indique que algo está mal. La ausencia de incidentes previos no reduce la probabilidad real de que ocurra un evento catastrófico. Por el contrario, si la severidad es extrema, como en el caso de una explosión, una intoxicación masiva o una caída mortal, debemos actuar de inmediato. La gestión de riesgos efectiva se basa en anticiparse a estos escenarios críticos, asignando controles robustos sin importar que históricamente “nunca haya pasado”. Recordemos que la probabilidad se calcula con base en la exposición y las condiciones actuales, no solo en el historial de accidentes.
Autor: José Antonio Castañeda Cid del Prado
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